Chiara Condello, una joven enóloga entusiasta y apasionada, se mostró entusiasmada al compartir su primera experiencia con las copas Josephinenhütte. Se siente afortunada por haber sido una de las primeras en probar el prototipo durante la feria Prowein de Dusseldorf. "Pude utilizar una de las primeras copas que se fabricaron, durante una cena con compañeros bodegueros e importadores. Fue una gran experiencia, porque primero probamos los vinos en copas normales y luego de nuevo en las copas Josephinenhütte; enseguida nos pareció que el vino era mucho más expresivo, más abierto y los perfumes bastante explosivos."

Procedente de una familia de viticultores de la región italiana de Romaña, Chiara creció junto a su abuelo en los viñedos. En aquella época, era más bien una granja, ya que no sólo cultivaban uvas, sino también frutas, trigo y otros cultivos agrícolas para ganarse la vida. Hoy produce dos vinos de uva Sangiovese con su propia etiqueta, pero el camino hacia la viticultura no siempre estuvo claro.

Tras terminar sus estudios de Economía en Milán y obtener un máster en Gestión Internacional, Condello estaba preparada para empezar a trabajar en el mundo de la empresa. Antes de empezar su nuevo trabajo, regresó a su casa de Romaña para hacer unas vacaciones de verano, donde su voz interior se hizo oír. "Algo me parecía bien, como si me llamara. Había crecido aquí conociendo esta vida, siguiendo a mis abuelos en los viñedos y en el campo, después de mis estudios me pareció natural estar aquí en Predappio". Fue entonces cuando decidió empezar a trabajar en la bodega familiar Condé, y en 2015 puso en marcha su propia etiqueta utilizando 4,8 hectáreas de su propiedad familiar.

"Es una experiencia impresionante probar los vinos primero en una copa normal y luego en las copas Josephinenhütte. El vino es mucho más expresivo, más abierto y los aromas son explosivos"

Quizá algún día la viticultora cultive otras variedades de uva, pero por ahora su familia se dedica a la uva Sangiovese, y ella sigue la tradición -y también la creencia de que esta uva tiene sus orígenes en Romaña-. Condello tiene una idea muy clara de la conexión entre el pasado y el futuro y trabaja con respeto y mano ligera. El cultivo ecológico es una obligación para ella y la protección del suelo es su objetivo final. Esto incluye, por ejemplo, un cultivo nodriza, que luego sirve de abono, o la restricción del uso de cobre y azufre contra el ataque de los hongos. Para ella, este enfoque es una expresión de respeto a la naturaleza y a sí misma: "Estoy convencida de que en algún momento los consumidores dejarán de prestar atención específica a si un producto lleva o no una etiqueta ecológica, porque lo ecológico será lo normal, tanto para los productores como para los consumidores. Creo que la generación más joven de hoy hará ese cambio".

En la actualidad, Condello produce dos vinos tintos, ambos de Sangiovese, pero completamente diferentes porque los respectivos suelos son muy distintos. "Le Lucciole procede de una pequeña parcela llamada 'Spugnone', que en italiano significa 'esponja grande'. Es un sedimento que estaba por debajo del nivel del mar hace tres millones de años, una arenisca muy dura, llena de caliza de concha, minerales y fósiles. El suelo es bastante árido, por lo que las uvas tienen que luchar para crecer, siguen siendo pequeñas, pero muy intensas. Esto me da más tiempo para procesarlas, el proceso de maceración dura mucho más, al igual que la maduración en barrica". Condello explica: "El Chiara Condello crece en tres suelos diferentes, pero las vides tienen todas unos 40 años de edad. Uno es un suelo calcáreo profundo, el segundo es un suelo muy claro, también muy rico en calcio, y el tercero es un suelo rojo, rico en hierro. De esta mezcla compongo un vino ligero, afrutado y elegante, con buena acidez, que es muy bueno para beber con la comida. Este vino tiene un periodo de maceración corto, madura un año en barrica y otro en botella.

Al catar sus vinos, Condello utiliza copas Josephinenhütte tanto en la bodega para catar desde el depósito durante el proceso de elaboración, como en la sala de cata. "Estas copas marcan una gran diferencia", afirma. "Puedo determinar mucho mejor los matices del vino y, durante la cata en barrica, me ayuda a poder no sólo catar el vino, sino también mirarlo muy de cerca. El Josephine es literalmente una herramienta transparente para detectar los matices más sutiles. He tenido la oportunidad de catar vinos con las copas Josephinenhütte tanto con clientes como con bodegueros, y hasta ahora mis experiencias han sido muy positivas."

En pocos años, Condello ha conseguido hacerse un nombre en un campo dominado por los hombres. "Cuando entré por primera vez en la bodega de mi familia, me intimidaba un poco, no por ser mujer, sino más bien por ser tan joven. Hoy, después de varios años trabajando en la industria del vino, las cosas han mejorado mucho. Históricamente ha habido muchas mujeres que han trabajado en la industria del vino, y hoy hay aún más, así que no me siento sola. Tengo el deseo de hacer vino y tengo el talento para hacerlo. Las mujeres tienen un toque diferente al de los hombres, y esto sólo puede ser interesante".

Sobre la autora:

Amanda Courtney es la fundadora de Amanda's Wine Adventures, una divertida y educativa empresa de viajes enológicos con sede en Piamonte. Amanda, sumiller de formación, lleva 15 años en el sector del vino y decidió que la vida del vino era mejor en Italia, donde casualmente conoció a su marido enólogo.

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